Luego de marcharse de Mágica Ronda, Juan Alberto analiza su trayectoria y
reflexiona sobre el folklore en Santiago del Estero

Juan Alberto en el bombo, en una presentación de Mágica Ronda.
La reciente salida de Juan Alberto, uno de los fundadores de la banda de folklore Mágica Ronda, marca un punto de inflexión tanto en su carrera personal como en la escena musical de Santiago del Estero. Tras un año de viajes, presentaciones y aprendizajes compartidos, el músico decidió dar un paso al costado para explorar nuevas formas de crear y comunicar, dejando atrás un ciclo que lo consolidó como artista local.
En diálogo con este medio, habló sobre los motivos detrás de su salida, el aprendizaje que le dejó la banda y sus próximos proyectos dentro del ámbito musical y comunicacional: “La decisión no fue de un día para otro, la estuve pensando durante varios meses. No hubo peleas, pero sí diferencias de pensamiento en algunas decisiones. Por eso sentí que era momento de dar un paso al costado”, relata Juan Alberto.
El legado de Mágica Ronda
Durante su tiempo en la banda, Juan Alberto no solo desarrolló habilidades técnicas, como la capacidad auditiva y la comprensión de armonías, sino que también descubrió nuevas formas de expresarse a través de la improvisación. Compartir escenario con referentes como Orellana Luca, Vislumbre del Esteko y el Conejo Sarquíz de Los Arcanos del Desierto le permitió ampliar su horizonte musical y consolidar su identidad artística: “Esto me despertó aún más la pasión por la música que vengo arrastrando desde hace años. Mágica Ronda me potenció en lo artístico y también me enseñó mucho en lo personal, me dio confianza, aprendizaje y me hizo dar cuenta de que esto es lo que quería”, afirma.

El grupo de folklore “Mágica Ronda” antes de la salida de Juan Alberto.
Una escena santiagueña en transformación
La mirada de Juan Alberto sobre la escena local refleja un fenómeno de renovación generacional y fusión de estilos. Nuevos grupos emergentes están mezclando folklore tradicional con géneros modernos como funk, disco y electrónica, acercando canciones clásicas a nuevas audiencias.
“Artistas como Milo J fusionan temas de hace 30 o 40 años con nuevos estilos, y hay bandas como Monte Adentro o Arde el Alero, con chicos de 20 o 21 años, que están revitalizando el folklore tradicional y reivindicando a grandes autores antiguos”, explica.
Este proceso demuestra que el folklore no es un género estático, sino que se adapta y evoluciona, generando un diálogo entre tradición e innovación. Para Juan, esta renovación es motivo de orgullo y esperanza, ya que los jóvenes músicos no solo respetan las raíces, sino que también las reinterpretan para que sigan vigentes en el presente.
Nuevos proyectos
Aunque por ahora Juan Alberto no lidera un proyecto musical propio, ha decidido explorar otras facetas del arte y la comunicación. Participa en la coproducción de La Fiesta Fantasmal, un evento autogestionado que combina folklore, funk, disco, jazz y electrónica, y que se realiza en el Club Red Star y se mostró entusiasmado por ello, remarcando que va a ser un evento muy lindo y agradable: “Siento que estamos viviendo un momento de cambio, y que aportar desde cualquier lugar, ya sea música o producción, es seguir conectado con el arte santiagueño”, comenta. Su participación en la organización de eventos y proyectos culturales demuestra que su compromiso con la música local no se limita al escenario, sino que abarca la promoción, producción y difusión de la música local.
La salida de Juan Alberto de Mágica Ronda refleja una etapa de cambio tanto para el músico como para la escena local del folklore. Su decisión evidencia la tensión natural de distintas formas de pensamiento. Al mismo tiempo, la renovación generacional en Santiago del Estero, con jóvenes músicos que fusionan estilos y reinterpretan clásicos, muestra que el folklore no es un género estático, sino un espacio en constante transformación. La trayectoria de Juan Alberto, combinando experiencia y apertura a la innovación, permite comprender mejor cómo los artistas locales navegan entre herencia y modernidad.


