
La 15° edición de la Feria del Libro de Santiago del Estero permitió que
el Freestyle tuviera un espacio para las nuevas generaciones. Nuevas
voces emergentes cautivaron a chicos y grandes.
El pasado 28 de septiembre, la Feria del Libro sorprendió con
una propuesta innovadora para todos sus visitantes: batallas
de Freestyle, que estuvo a cargo de la Subsecretaria de
Cultura. No puedo evitar pensar en lo acertado de esta
propuesta, ya que rompió con los moldes tradicionales y
abrió las puertas a una forma de expresión que también tiene
un fin, el de construir a través de la palabra.
Lo valioso que esto haya ocurrido en la Feria del Libro abre un
dialogo entre generaciones, por un lado, los más jóvenes que
encuentran en las competencias de rap una forma de
expresarse y sentirse parte de una comunidad que crece a
pasos agigantados. Por otro, quienes están mas amoldados a
lo tradicional a través de los libros y la literatura, que al
escuchar esas rimas improvisadas descubren nuevas formas
de usar el lenguaje, con ingenio y potencia.
Además, no se puede negar el impacto social y cultural del
freestyle, habla de realidades, emociones, conflictos,
sueños, con una rapidez mental admirable.
La Feria del Libro de Santiago del Estero, al incluir el
Freestyle, nos recordó que la cultura no debe encasillarse,
sino expandirse, reinventarse y estar dispuesta a oír nuevas
voces emergentes.
Personalmente, consideré un acierto, pero también un
desafío. Habrá que analizar si el publico más “tradicional” del
evento esta dispuesto a aceptar este nuevo tipo de expresión
urbana para que sea replicada en próximas ediciones. Lo
cierto es que no se puede negar lo que este fenómeno atrae y
moviliza hacia un público más urbano. El riesgo es quedarse
anclados en una visión limitada de lo que es la literatura. Si la
feria quiere seguirse considerando un punto de encuentro
cultural, tiene que abrir paso a nuevas formas, aunque pueda
llegar a incomodar a cierto público.


